Cómo funcionan y qué producen

Las prácticas filosóficas buscan generar una experiencia en el otro: ya sea consultante, grupo, equipo de trabajo, niños o jóvenes en una institución o fuera de ella. Esta experiencia incluye una puesta en escena de principios que operan en las personas y grupos, desde sus intuiciones acerca de la realidad, hasta sus acciones concretas, mediando esto con el discurso y la consciencia que de ello pueda generarse. La experiencia producida implica la utilización de la pregunta y la indagación, el desafío de pensar la realidad como algo misterioso y nuevo que puede descubrirse y re-aprenderse, despertando nuestra curiosidad.

En una práctica filosófica se diseñan planes de acción y se los lleva a cabo para producir relaciones entre el discurso y los propios actos. Al mismo tiempo, las modalidades dialógicas empleadas favorecen la mejora en los vínculos entre los individuos y en la comunicación clara y efectiva.

    Algunos de los beneficios que se obtienen de la práctica filosófica son:

  • Propiciar la toma de decisiones y el juicio
  • Fomentar un pensamiento cuidadoso y claro
  • Desarrollar valores
  • Expandir las posibilidades de la propia vida
  • Conocerse a sí mismo
  • Comunicarse mejor
  • Favorecer aportes para el mundo del trabajo
  • Incentivar mejoras a nivel académico
  • Acrecentar una mayor felicidad en nuestra vida